jueves, 3 de agosto de 2017

Interesante entrevista a Ted Gioia

Fotografía tomada de la página web (en inglés) del autor
Leo en la edición del 17 de julio del presente año de la estupenda Revista/Suplemento Ñ, del diario Clarín, una notable entrevista firmada por Nicolás Pichersky al escritor, crítico e investigador estadounidense Ted Gioia (1957), famoso investigador musical, autor de dos obras de reconocimiento mundial en que nos transmite su pasión por la música: La historia del jazz y Delta Blues.
La entrevista en cuestión repasa sus inquietudes, experiencias y pasiones, además de adelantar conceptos sobre el próximo libro suyo que estará disponible en español. Es una estupenda forma de conocer mejor a este extraordinario ensayista y crítico norteamericano.

Cabe señalar que, en español, la editorial Turner ha publicado al menos cuatro de sus más de diez libros.
Los dejo con esta entrevista que ojalá disfruten y comenten.
Instrucciones para llenarse de música
por Nicolás Pechersky
El crítico de jazz y blues e historiador musical estadounidense, habla de su nuevo libro “Cómo escuchar jazz”, meses antes de publicarse en la Argentina.
Como un Harold Bloom de la música, así podría llamarse al escritor, crítico e historiador estadounidense Ted Gioia. O más justo sería compararlo con una figura como la de Octavio Paz: Un hombre en su siglo cuya cultura y curiosidad parecen inagotables. Si el mexicano se destacaba por abarcar la poesía, las traducciones y la teoría, es en el ensayo donde deslumbra Gioia: tanto en el jazz, como en el blues o en la literatura. Su libro Historia del jazz ya es un clásico que lleva vendidos más de 100.000 ejemplares en todo el mundo, algo inédito para un libro de 600 páginas sobre un género musical no masivo. Sus también perfectos ensayos históricos sobre blues o sobre los clásicos de jazz (los standards) causaron una enorme satisfacción y recepción de la crítica. El año pasado presentó Canciones de amor. La historia jamás contada, apoteótico libro que le llevó dos décadas de investigación y que recorre la historia muy conocida pero jamás explicada de la génesis de las canciones románticas, desde el antiguo Egipto hasta el videoclip actual. Su libro más reciente es Cómo escuchar jazz. Y como si no bastara, mantiene cinco sitios web propios de crítica literaria: fractiousfiction.com, sobre la novela moderna y sus consecuencias; postmodernmystery.com, dedicado a la ficción de misterio y suspenso contemporánea; conceptualfiction.com, focalizado en la tradición del género fantástico, y thenewcanon.com, que analiza las grandes obras literarias desde 1985 hasta la actualidad. En ellas puede leerse tanto las críticas sobre la obra de escritores como Junot Díaz, Raymond Queneau, Witold Gombrowicz o Jonathan Lethem, como los ensayos y decálogos que Gioia propone para sus originales cánones de la literatura contemporánea. Ñ tuvo la oportunidad de conversar con él telefónicamente.
–Más que apasionado por la música y la literatura, usted parece un devoto de los lenguajes subyacentes a estas disciplinas.
–Es probable, escribo sobre las canciones de manera diferente debido a mi educación: estudié literatura y filosofía en las universidades de Stanford y Oxford y jamás planeé escribir sobre música. Durante mi época de estudiante también trabajé como músico profesional para pagar mis gastos y porque, naturalmente, adoro la música, pero no fue hasta mis casi 30 años que me di cuenta que podía combinar mi vocación por el jazz con mi interés en los lenguajes artísticos, la escritura y la cultura. En ese entonces escribí The Imperfect Art, un estudio sobre jazz y filosofía estética pensando que me iba a dedicar a una carrera como crítico cultural, pero los escritores y críticos me vieron como especialista en música, lo que me llevó a especializarme en ello. Sin embargo, continúo escribiendo sobre literatura, filosofía y cultura contemporánea. Por ejemplo, los tres ensayos con los que trabajo ahora son sobre Duke Ellington, Arthur Schopenhauer y el novelista alemán Hermann Broch.
–En la introducción de su nuevo libro Cómo escuchar jazz, usted escribe “la música presenta dificultades y el crítico debe renunciar a la subjetividad hasta cierto punto”. Esta objetividad va en contra del postulado que diría que al jazz o a la literatura se los debe simplemente disfrutar sin ningún tipo conocimiento de su lenguaje o de su historia. Lo que en última instancia genera frustración y decepción por no entenderlo, ¿no le parece?
–Esa oración es un ejemplo de cómo mis estudios de literatura y filosofía impactaron en mis escritos sobre música. Con el tiempo me di cuenta de que en el mundo de la crítica literaria académica y de los becarios hay una epidemia de subjetividad. Lo cual se volvió tan extremo que muchos “expertos” se rehúsan a aceptar cualquier estándar de objetividad para evaluar el arte. Mi actitud es distinta. Yo creo que las obras de arte imponen su realidad sobre nosotros: uno de los signos de una obra maestra es la insistencia con la que nos obliga a ajustarnos a sus demandas. Si ignoramos estos esfuerzos que nos pide la obra, no la entenderemos. Esta es mi actitud también frente a cómo escuchar música y obviamente a la hora de escribir sobre ella.
–Al comienzo de su libro, Blues: la música del delta de Mississippi usted enumera las características históricas, culturales, políticas, industriales y económicas de las cuales carece el delta, para luego concluir: “Sin embargo, la música de todo el mundo se ha transformado gracias a las canciones que se han hecho aquí”. ¿Cómo hace para mantener en sus obras un balance entre el estudio sociológico de la música y una visión más personal?
–No se puede reducir la música a la sociología, se vuelve algo muy aburrido. Pero por otra parte, la música siempre refleja a la sociedad y a la cultura que la produce. Mi objetivo cuando escribo es traer todo ese contexto social y nunca perder de vista la energía y el entusiasmo que produce la música. La manera en que algunos académicos escriben sobre música a veces se asemeja a estadísticas contables o a análisis sobre ingeniería petroquímica. Yo nunca podría escribir sobre música de una manera tan árida y clínica, pero a la vez pienso que necesitas más que entusiasmo para ser un buen crítico: requiere tanto estudio de la materia artística como sensibilidad por los hechos sociales que produce.
–¿Qué ensayistas admira y lo inspiraron?
–Susan Sontag, José Ortega y Gasset, Isaiah Berlin, Lionel Trilling, David Foster Wallace y Roland Barthes.
–Hablando de Susan Sontag, en su clásico Contra la interpretación, ella alaba la curiosidad y la recuperación de nuestros sentidos como el gran motor del periodista y del crítico cultural: ¿Cómo custodia usted su propia curiosidad entre el pasado y el presente del jazz?
–Susan Sontag fue un modelo de inspiración para mí y coincido con esa idea sobre la creatividad: mis decisiones sobre qué temas escribir también se basan en mi curiosidad y prefiero aquellas temáticas que requieren aprender nuevos lenguajes. Pero la verdad, triste por cierto, es que los editores me contactan para escribir sobre materias que ya conozco muy bien. Los editores pensarán que esto que digo es desconcertante, pero he aprendido que mis mejores artículos fueron aquellos que me obligaron a sumergirme en nuevos territorios: lo desconocido es un gran estímulo. Y con respecto al pasado y el presente del jazz, Stan Getz una vez me dijo que los músicos deben ser irreverentes. Y debemos respetar esa tradición… aunque no demasiado. El jazz requiere espontaneidad y compromiso con la improvisación y esto fuerza a los músicos a vivir el presente. Claramente debemos aprender de los músicos que nos antecedieron y honrar sus contribuciones pero si sólo imitamos lo que pasó hace 30 o 40 años habremos perdido algo esencial de la experiencia del jazz.
–Usted edita ensayos muy completos cada dos años aproximadamente, mantiene una web sobre jazz junto a otras webs sobre crítica literaria, y escribe semanalmente artículos en varios diarios de Estados Unidos. ¿Cómo logra abarcar semejante cantidad de discos y de libros?
–Dedico 4 horas del día a leer y entre 2 y 3 a escuchar música. Tengo un plan para lo que estudiaré cada día. Durante el 2017 voy a escuchar unos 1.000 discos y esto requiere que aproveche la tecnología existente: escucho música en el auto, en mi casa, en la computadora, en mi celular... Esto reduce mi tiempo de escritura, claro, pero yo les aconsejaría a otros escritores que hagan lo mismo: no se puede tener una buena producción creativa sin un consumo constante de lectura. Mi escritura fluye más cuando absorbo buenas ideas y me inspiro en lo que leo y escucho. El problema en nuestra sociedad es que se mide la producción del trabajador, pero no todo lo que estudió para llegar a ella. A la larga, eso destruirá nuestra productividad y nuestra creatividad. Y no sólo la del escritor, sino la de cualquiera.
–Más allá de sus gustos por el jazz, ¿qué otra música escucha?
–Se me conoce por escribir sobre jazz y blues, pero escucho un montón de rock. Admiro la música de Radiohead, Songhoy Blues y Tinariwen (ambos de Africa occidental), Jack White, David Byrne, Wilco, The Magnetic Fields, The Lazy Lies (de España), Steely Dan y por supuesto, los Rolling Stones. Y aún pienso que los Beatles tuvieron mayor impacto en la música del siglo XX que cualquier otro artista.
–Usted suele mencionar a Jorge Luis Borges en sus críticas literarias: ¿está familiarizado con la obra del argentino César Aira? Escribió un cuento sobre Cecil Taylor (el pianista de free jazz) y muchos lo consideran como un nuevo Borges.
–Sí, soy un gran admirador de Borges y aún me desconcierta que no haya ganado el Premio Nobel. De hecho, toda mi familia es fan de su obra: mis dos hijos leyeron sus cuentos hace poco. Otros autores argentinos que me asombraron fueron Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares, amigo de Borges. Necesito encontrar tiempo para leer a Aira.

El reino de los milagros

De lo que se trata es de escuchar. Y atentamente. Por eso el nuevo libro de Ted Gioia (que llegará a nuestro país en septiembre) comienza con una cita de Duke Ellington: “Escuchar es lo más importante de la música”. Y además está el humor ya en su título, enfrentando allí la pedantería rígida de enseñar música de arriba y hacia abajo –como si el jazz fuese una entelequia para entendidos de “alta cultura”– con el berretismo de los libros de autoayuda y “para dummies”.

Ameno y breve comparado con su obra anterior (poco más de doscientas páginas contra el más de medio millar que suelen tener sus otros ensayos) es también un libro que está vivo: Gioia nos interpela a marcar ritmos con las manos y más tarde con lo pies o nos sorprende con potentes imágenes al definir al jazz como una mixtura de la lucha libre (la libertad de la improvisación) con el ajedrez (la belleza arquitectónica de las reglas, su gramática). Y todo con la bella prosa de Gioia, benjaminiana, donde poesía y capitalismo se atraviesan, por ejemplo, en párrafos como este: “Este es el reino de lo poético, del acontecimiento que sucede una vez y que no se volverá a dar. Es el mundo que contiene tu primer beso, el nacimiento de tu hijo y todos los incidentes singulares que, incluso en esta edad de copias digitales y de copia-pega, se resisten a la reproducción. El jazz pertenece al reino de lo milagroso”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Estimado visitante, gracias por detenerte a leer y comentar, en cuanto pueda leeré tu comentario y te responderé.