lunes, 5 de marzo de 2007

Juan Antonio Massone: El otro también soy yo

Hace ya varios meses hice esta entrevista al extraordinario poeta y docente Juan Antonio Massone, para ser publicada en la Revista La Pata de Liebre del mes de marzo 2007, acaba de aparecer la edición y me gustaría compartir con Uds. el texto de esa entrevista. Además, por cierto, invitarlos a leer La Pata de Liebre que dirige otro poeta estupendo: Aristóteles España. 


Juan Antonio Massone es poeta y profesor. También puede decirse que es profesor y poeta, porque conjuga ambas realidades de manera tal que se van potenciando una con otra a través de vasos comunicantes que favorecen mutuamente a sus lectores y a sus alumnos. Por otra parte, Massone es un intelectual de fuste, pero es tan poco el espacio que en los medios se concede a aquellos que hacen una verdadera actividad cultural e intelectual, que para muchos puede ser un desconocido o un nombre visto al pasar en la vidriera de una librería. Hoy queremos hablar con Juan Antonio Massone para hacerle algunas preguntas sencillas, en la certeza de que sus respuestas abrirán puertas y encenderán luces insospechadas. 

Muchas personas piensan que hoy, en los albores del siglo XXI, con tanta globalidad, velocidad de información, tecnología y consumo, ya no hay espacio para la poesía en la vida cotidiana. ¿Para qué sirve hoy enseñar y escribir poesía? 

R: La poesía es voz y habla del ser humano. Si uno atiende a dichos y a figuras de uso cotidiano es dable percatarse de que esa capacidad se ejerce comunitariamente. Cierto, el uso termina por desgastar las formas. Por el mismo hecho de la masificación mundial es urgente mantener vigilantes los caracteres específicos humanos que, en buena parte, sólo conocen de fomento y de expresión en el reino de la palabra. El soliloquio y la conversación?por nombrar dos realizaciones lingüísticas?ofrecen modalidades complementarias de decirse, de escuchar, de contribuir a la humanización del ambiente a partir de lo íntimo y de lo compartido. La poesía en tanto que escritura propende a nombrar, expresar y, a veces, revelar cuanto resta postergado por la velocidad, la distracción, el desdén o las adulteraciones que sufre el ser humano en una forma de vivir que no se aviene con el misterio de su ser. Por todo lo dicho, la palabra poética?en verso o en prosa?es urgente. Cuando menos, seguirá recordándonos que somos personas. 

Por otra parte, el idioma mismo está fuertemente amenazado. La influencia cada vez mayor de vocablos extranjeros y el poderoso lenguaje del chat se imponen cada día más entre las generaciones jóvenes ¿qué opina un escritor de verbo cuidado sobre esto? 

R: Cuando el idioma sufre amenazas, quien lo está es el ser humano concreto: personal y socialmente. Es inconcebible un idioma sin nuestra especie y, por eso mismo, cualquier daño o indiferencia que se le propinen a la palabra termina por ofender y por minar la dignidad humana. Hace algunas décadas Octavio Paz escribió: "Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje". Las influencias mutuas son ineludibles y a veces indispensables entre las lenguas. En nuestro caso, el influjo de la tecnología proveniente del mundo anglosajón es tan amplia como categórica, y al no ser nosotros inventores de aquélla, es necesario incorporar voces inexistentes en nuestro idioma. Asunto muy diferente el uso y abuso de extranjerismos, como por ejemplo cuando se dice: "voy de shopping", cuando en de verdad se va de compras. En tales casos, la inconsciencia abona una manera indigna de vivir nuestra cultura. Pero estos son asuntos de largos tratamientos. En cuanto al uso tecnológico: correo electrónico y conversación, especialmente, es notorio el influjo de algunas características del modo actual de vivir. La excesiva rapidez y la dispersa atención obedecen a la ansiedad y codicia de desempeñar varios papeles en poco tiempo. Es el caso de quienes conversan simultáneamente con varias personas. A poco iniciar los coloquios, decae la calidad de los mismos, porque la urgencia de responder acaba en frases hechas, en monosílabos y, muchas veces, en íconos. 

En toda actividad literaria uno sabe o sospecha que ha recibido ciertas influencias. Hay nombres enormes o diminutos en la literatura que a uno le han provocado búsquedas y encuentros y de ellos se nutre con fruición. ¿Quiénes son esos nombres en la biografía de Massone? ¿A quiénes reconoce como las mayores influencias? 

R: Somos siempre herederos. Nadie goza de originalidad sin tener algún origen. Pretenderlo es tan insensato como mentiroso. ¿Cuáles son los influjos que pesan más en mí? Muchos. Los clásicos españoles, los americanos y chilenos, aquellos libros y autores con quienes me siento más afín, incluyendo los pertenecientes a otras culturas y lenguas. Y, por supuesto, el habla en que crecí, el refranero, los dichos y tonalidades de mi país. 

Más allá de las influencias, la experiencia literaria tiene siempre atisbos de otredad, ¿qué es lo otro en su biografía personal? ¿qué lo nutre? 

R. El otro es toda persona con quien puedo relacionarme desde el afecto; el otro es quien puedo suponer e imaginar desde una experiencia; el otro es siempre Dios; el otro también soy yo. 

La poesía chilena tiene algunas muy altas cumbres en medio de una poblada cordillera de buenos poetas. ¿Cuál es el aporte que Massone hace o pretende entregar al panorama cultural de nuestro país? 

R: En todo momento y lugar existe más de un estilo, énfasis y dirección literarios. Puede haberlos dominantes o minoritarios, pero siempre son plurales. Lo digo, porque entre nosotros parece incurable el error de la monotonía. Durante medio siglo no existió más que Neruda; después nos dio con Parra, luego con Rojas, y así. No se trata de que las obras de estos poetas no sean dignas de atención, pero lo pueblerino que somos queda en evidencia en esas admiraciones excluyentes. En cuanto a mi posible aporte, no pretendo. Me atengo a la realidad que soy. En concreto, mi escritura se reconoce nacida desde convicciones y énfasis distintos a los de mi generación. En verdad, difieren de esta época. Pero esa ?extranjería? consiste, quizás, en una mirada trascendente de lo humano, en abierta diferencia con las preferencias mayoritarias, sin que en ello deba entenderse ningún tipo de angelismo. Descreo por igual de los extremos almibarados y agrios, en cambio me atengo a la amplitud de lo humano y de lo existente, ya sea en la denuncia, en el anuncio, en el júbilo o en la tribulación. Sé que la historia es una lucha incesante entre libertad e idolatría, entre dignidad y esclavitud, entre existencia para la vida y respiración para lo muerto. En esa historia tomo partido por el misterio, no por la fórmula; por principios, no por eslóganes. 

Pareciera que hoy, más que nunca, es importante que los agentes culturales se unan para levantar definitivamente las banderas del arte en nuestra sociedad y que no sean sólo un discurso florido en algunas campañas para ganar votos. ¿Cómo pueden los escritores hoy, en Chile, aportar al debate sobre cultura, educación y creatividad, que hace tanta falta para abrir mundos a nuestra juventud? 

R: Dedicándose con responsabilidad a su tarea de decir más allá de lo aparencial, ojalá entendiendo que el escritor es indispensable en toda sociedad, a condición de que trabaje en cuanto le corresponda como persona, y rechace la tentación de convertirse en payaso, en hazmerreír y en plumario. 

Si uno revisa la prensa (donde antes solían encontrarse grandes plumas del periodismo y la literatura) se da cuenta de que sólo hay espacio para la farándula, la crónica roja, las polémicas políticas y uno que otro best seller americano. ¿Quién abandonó a quién? ¿Fueron nuestros escritores los que se alejaron del periodismo o de la crítica literaria o fue la prensa la que se empobreció al rendirse a la farándula? 

R: La historia enseña que, en un fenómeno cultural, las causas no son únicas, como tampoco lo son los efectos. Sucede que lo colosal de nuestra época arrasó con la mesura; lo ruidoso desdeña la bien sentida y mejor pensada expresión. La farándula es siempre el circo para la turbamulta. No dejará de haberla mientras exista mundo. Pero a esa farándula, manifestación de la flora y fauna humanas, se la ha querido convertir en asunto permanente en los medios. ¿Por qué de su aceptación? Porque requiere de menos neuronas en uso; porque es entretención en un mundo de gente aburrida; porque es la mediocridad convertida en santo y seña de los más, en un mundo necesitado de los menos, de aquellos que no se someten a la vulgaridad y estupidez cobijadas en palabras de moda. 

¿Se puede o tiene sentido vivir hoy para, por y de la literatura

R: La literatura puede ser un llamado, una tarea permanente, un oficio cotidiano. En tales casos bien puede ser la tarea central para algunos. Pero no me parece que uno agote sus posibilidades humanas en una labor. En verdad, uno podría vivir para la literatura en la misma medida que ella abre otros horizontes de personas, de realidad menesterosa de palabra, de vínculo humano, de descubrimiento y admiraciones. ¿Y todo para qué? Supongo que para compartirlo, para confirmar nuestra condición de ser personas, para mejorar el mundo añadiendo destellos de inédita belleza, y tantas otras formas. En suma, la literatura colabora a desplegar un sentido de la existencia, pero no es ella la que lo otorga. 

Finalmente, ¿quién es verdaderamente Massone? ¿Un poeta religioso cuya fe ha quedado plasmada en varios poemas y libros? ¿Un eterno adolescente enamorado que hace del amor juvenil un panegírico poético? ¿Un profesor que escribe versos para enseñarlos mejor desde la propia experiencia? ¿Un académico de la lengua en tiempos de oscuridad intelectual? 

R: Acaso sea todo aquello y, probablemente, mucho más. "Cada uno de estos provisionales fragmentos que Dios, /de quien soy Pedro sin santidad,/ recogerá un buen día". 

Agradeciendo a Juan Antonio su deferencia y a Aristóteles la posibilidad de publicarla, vuelvo a mis terrestres afanes cotidianos con la grata experiencia de una conversación de alto vuelo. 

prof. Benedicto González Vargas 

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